Ya es hora de ser feliz

Vivo con parálisis facial, a ratos cerebral, por una noticia reproducida hasta la saciedad, que ha propiciado uno de los mayores debates que se recuerdan en esta nación repleta de extremos, de pobres de alma, de corazón, lazos amarillos y futbol.  La noticia acapara portadas de diarios, abre los informativos, enciende la mecha en exacerbados debates, se comenta en todos los bares, en todos los prostíbulos, o lo que es lo mismo, en todos los ministerios:

“ Bruselas aboga para que no se cambie la hora en todos los países miembros y España es una de las primeras en sumarse a esta iniciativa…”, lo que traducido al español es : “se me ha acabado la excusa de llegar tarde al curro por el cambio de hora”, si en estas líneas pudiera añadir el emoticono de sorpresa, lo añadiría, y es que nuestra mayor preocupación a finales de agosto sea de si debemos o no cambiar dos veces al año la hora de nuestros relojes,  me produce mucha risa (emoticono descojonándose) y pena ( el llorón), quizás también el que vomita.

Esa es la gran noticia, la que nos cambiará la vida, la que hará que seamos más felices o más desgraciados, la noticia del verano, que a lo largo del año cambiemos o no de hora los relojes. Para mí el tiempo es una cárcel y los relojes sus grilletes, no llevo reloj y suelo intuir la hora, no me preocupa en exceso la hora en la que estoy, me preocupa y ocupa, estar, estar presente, me importa un pimiento saber la hora, lo que me importa es estar en el ahora y si los pimientos son de temporada.

Mi tiempo es el sol, la luna, la respiración de mis hijos, la caricia en la piel de la amada. Mi tiempo se mide en suspiros, en pasos, en bostezos, en sonrisas, en orgasmos

¿Qué coño me importa a mí si hay que cambiar la hora? ¿Qué coño me importa a mí si el reloj no funciona? ¿Qué coño me importa a mí lo que opine Bruselas, o Madrid, o Barcelona o Manolo, Antonia, Evaristo o Paola?

El único tiempo que reconozco, es el aquí y el ahora, el instante, este instante, porque ahí sí reside lo más importante para mí, la felicidad y no en un reloj,  en un horario, los horarios solo sirven para poner orden donde no es necesario, lo único que necesitamos es ser consciente del momento, del presente, del ahora.

Qué mierdas me importa la hora, si no estoy en el ahora.

El único tiempo que quiero contar es el tiempo de felicidad.

Te propongo que tires tu reloj a la basura, o se lo regales a algún imbécil, a uno que trabaje en Bruselas o en algún ministerio y que vivas lo más preciado y valioso que tienes, lo que te hará sin duda feliz, que vivas Aquí y Ahora, sin hora.

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